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sábado, 31 de diciembre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 13

Jun y Aya ya llevaban cerca de una hora caminando de aquí para allá. No se había parado y tampoco se habían soltado la mano, ni tan solo un instante. Se detuvieron en un banco a tomar unos refrescos, pronto tendrían que regresar a sus respectivas casas.           Estuvieron un rato abrazados. Se besaron. Por el rabillo del ojo Jun vio una figura que le resultaba conocida. Mio, que había visto la escena, se alejaba llorando y corriendo. Jun no sabía qué hacer, si quedarse allí con Aya o salir corriendo detrás de Mio. Nunca había pensado en que haría cuando Mio lo pillase, ni se había planteado esa posibilidad.  Se quedo perplejo contemplando a Mio, que ya casi no podía distinguirse en la lejanía. Aya, que había observado la escena, miraba a Jun seriamente.
-          ¿Quién era esa?
-          Es… largo de explicar. Vivo con ella y con sus padres desde hace unos meses, me adoptaron.
-          ¿Y porque ha salido corriendo de esa forma?
-          Creo… creo que le gusto.
-          Ah, pues vaya… me gustaría conocerla.
Jun se levantó:
-          Yo debería volver a casa.
Aya asintió y se levantó. Se despidieron y cada uno se marchó por su camino.
Yusei se desplomo sobre su sillón. Suspiro. Tenía la sensación de que el caso que llevaba entre manos estaba a punto de cerrarse. Echó un vistazo al montón de papeles que se esparcían por toda su mesa. Su oficina también estaba tremendamente desordenada. Se dijo a si mismo que la ordenaría cuando terminase con el caso. Minutos antes había mandado que le buscaran y entregaran los datos de Kouta Minami. Había que llevar el asunto con delicadeza, pues se trataba de un menor.  Pensó  en llamar a Jun. Después de todo, parte de sus avances se los debía a él. Descolgó su teléfono.
Jun ya tenía la mano sobre el pomo de la puerta de su casa cuando su teléfono móvil sonó. Lo descolgó y se lo llevó a la oreja.
 -  ¿Quién es?
- Hola Jun, soy Yusei.
-Buenas tardes señor Chousi.
-¿Te suena de algo el nombre de Kouta Minami?
- Si, es un compañero de clase. ¿Pasa algo?
- Creo que él es el asesino.
-¡¿Cómo?!
-Conocía al chico que fue asesinado el otro día y comían juntos en el mismo restaurante.
- Bueno, tendría sentido. También conocía a la primera víctima y su abuela vive en la misma calle que en la que ocurrió el segundo crimen.
- Mañana lo interrogaremos y saldremos de dudas cuando lleguen los resultados del análisis del cuchillo.
-Gracias por avisarme.
-Gracias a ti por ayudarme en la investigación.
Jun colgó el móvil, con todo lo que estaba ocurriendo le entró un terrible dolor de cabeza. Entro en la casa.
-Hola Jun. – La señora Fuchida parecía muy animada.
-Hola. Voy a acostarme, que me duele mucho la cabeza.
-Vale, ¿quieres que te prepara algo para tomar?
-No gracias.
-Por cierto… ¿Sabes dónde está Mio? Hace rato que salió y todavía no ha vuelto.
Jun recordó el incidente con Mio.
-No… no lo sé.
Subió las escaleras, se metió en su cuarto y se echó a dormir en su cama.

Amaneció. Jun se levantó, se duchó y bajo a la cocina. La señora y el señor Fuchida estaban sentados en la mesa, llorando desconsolados. Jun se quedo de piedra.
-¿Qué pasa?
El señor Fuchida reunió fuerzas para hablar:
-Ha llamado la policía… dicen… dicen… que han encontrado el cadáver de Mio.
Jun casi se desmaya de la sorpresa. ¿Mio asesinada? Empezó a llorar, pero se dio cuenta de que ya conocía al asesino y que iría a hacerle una visita. Salió de la casa dando un portazo y comenzó a correr. Sacó su teléfono del bolsillo y marcó el teléfono del señor Chousi.
-          Hola, soy Jun. ¿Ha detenido ya a Kouta?
-          No. Jun, ¿te pasa algo?, te noto enfadado. Ah, se me olvidaba, ha aparecido otra nueva víctima.
-          ¡Ese cabrón me las va ha pagar!
Jun colgó el teléfono y siguió corriendo.
Yusei se quedo perplejo con esa última frase. ¿Qué habría ocurrido? Buscó rápidamente la dirección de Kouta en los papeles que le habían llegado esa misma mañana. También le habían llegado los resultados del análisis del cuchillo, pero aún no los había leído. El caos de papeles era tal que no encontró lo que buscaba. Cogió su gabardina, el resultado de los análisis y las llaves de su coche. Se dirigió a las oficinas para pedir nuevamente la dirección de Kouta.
Cuando Yusei llegó a la casa de Kouta llamó varias veces a la puerta:
-          ¿Hola, hay alguien?
Volvió a llamar a la puerta, pero no consiguió respuesta. Escuchó el sonido un cristal rompiéndose, procedente del interior de la vivienda. Yusei se alarmo y tiró la puerta de una patada. Entró rápidamente con su pistola desenfundada. En el salón encontró a Jun sobre Kouta esgrimiendo un cuchillo.
-          Jun, ¡Quieto!
Jun miró al señor Chousi.
-          ¡No! Debe morir por lo que ha hecho. – Con la mano que tenía libre agarró a Kouta por el cuello de la camisa, comenzó a llorar. ¡¿Por qué has matado a Mio?!¡¿Por qué?!
Kouta miraba a Jun con los ojos abiertos como platos y con una cara de terror impresionante.
-          No Jun, ahora creo que él no ha sido. No encontramos sus huellas en el cuchillo. El no ha sido… has sido tú. ¡Tú eres el asesino!
-          Venga señor Chousi, no diga estupideces. ¿Cómo voy a ser yo?
-           Todo encaja… Tú también eres compañero de las víctimas, la sangre en el folleto solo estaban tus huellas y las de la segunda víctima. ¡El cuchillo solo tenía tus huellas!
-          Yo…

En la cabeza de Jun despertaron unos recuerdos que, hasta ahora habían permanecido en letargo: Había vuelto a cuando era pequeño, al día de la muerte de sus padres. Se recordaba llorando arrodillado frente al cuerpo de su madre, junto a su padre que había dejado caer el cuchillo al suelo y también lloraba. Recordaba una voz. Una voz que le hablaba y resonaba por toda su cabeza.
-          Si tu no hubieses nacido, ahora tu mama no estaría muerta.- La voz soltó una sonora carcajada. – Porque, si no fuera por ti tus papas ya no estarían juntos y tú papa no habría matado a tu preciosa mama. Pero puedes vengarla ¿Ves el cuchillo que tu papa ha usado para matar a tu mama?¿Por qué no lo usas tú para matar a tu papa? Venga…
Y así el pequeño Jun, manipulado por aquella voz, había rajado el cuello de su papa.
Jun volvió en sí, salió de su trance. Ahora los recuerdos de las muertes de la hermana de Aya, la del chico y la de Mio vinieron a su cabeza. Soltó el cuchillo y se acurruco contra la pared, desconsolado.
-Yo… yo no soy el asesino, ¡no soy el asesino!
El señor Chousi apuntaba a Jun con su pistola mientras ayudaba a Kouta a levantarse. De pronto, Jun dio un salto y agarró el cuchillo. Se puso delante de Yusei y de Kouta apuntándolos con el filo.
-¡Se ha terminado Jun!
Jun grito y hundió el cuchillo en su pecho. Cayó de rodillas al suelo, encharcado por su propia sangre, que manaba de la herida. Sintió la muerte abrazándolo, pero no era un abrazo frío. Era un abrazo caliente. Era el abrazo de Mio, era el abrazo de su madre.



lunes, 5 de diciembre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 12

La pista que Jun le había traído podría ser la clave para resolver esos asesinatos. Yusei se levantó de su silla y se enfundó en su cazadora. Ya hacía una hora que Jun se había marchado. Salió de su despacho y, de caminó al garaje, se topó con Yukiko. Venía cargada de papeles y unas grandes ojeras adornaban sus ojos, escondidas detrás de sus gafas. Le indicó a Yusei con la mano que esperara:
-          El cuchillo que me dejaste… no tengo suficiente material de investigación en este laboratorio como para hacerle una revisión detallada. Lo acabo de enviar a un laboratorio especializado. Tendremos los resultados en 48 horas.
-          Gracias – El señor Chousi miro a Yukiko de arriba abajo. - ¿Una jornada dura?
-          ¿Solo una?... Parece que llevas prisa. ¿A dónde vas?, si se puede saber, claro.
-          Voy a un restaurante.
-          ¿En horas de trabajo?
-          No, no voy a eso. Tengo una nueva pista. – Yusei le mostró el vale. – Estaba en la escena del crimen del primer asesinato. Se da la casualidad de que la segunda víctima vive en la misma calle donde está el restaurante que se anuncia en este vale. Voy a pasarme por ahí y hacer unas preguntas.
-          Bueno, no te molesto más entonces. Te llamaré o iré a hacerte una visita a tu despacho cuando tenga los resultados.
Ambos se despidieron con un leve movimiento de mano y Yusei bajo al sótano que hacía de garaje, se subió en su coche y se fue en dirección al restaurante.
Jun estaba sentado en el banco de un parque. Muchos niños corrían de un lado para otro, jugaban al balón o al escondite. Llevaba diez minutos sentado en aquel banco, pensativo. Las ideas le revoloteaban fugazmente por la cabeza: unas veces parecían que lo llevaban por el camino correcto y otras veces parecía que solo se estaba confundiendo y mareando más las cosas. De vez en cuando echaba un vistazo a su reloj, había quedado con Aya allí. Pasaban cinco minutos de la hora de encuentro cuando la chica se sentó al lado de Jun sin que este se diera cuenta. Cuando le tocó el hombro, Jun se sobresaltó. Se recompuso y le dedicó una amplia sonrisa a la chica y la besó. Aya habló:
-          Siento llegar tarde. ¿Llevas mucho tiempo esperando?
-          No, tranquila…
-          Bueno… ¿tienes algo en mente para hacer?
-          Pues la verdad es que no, si quieres damos un paseo.
-          Me parece una idea estupenda.
Los jóvenes se cogieron de la mano y abandonaron el parque.

Yusei entró en el restaurante. Aquel barrio, a simple vista, parecía un barrio tranquilo. No tenía nada que lo hiciera especial. Dentro del local el olor a comida era muy fuerte y agradable. A esa hora el local estaba vacío. Un hombre calvo y corpulento limpiaba concienzudamente la barra, repasándola una y otra vez con un trapo.  El señor Chousi caminó hasta la barra y se sentó en uno de los taburetes colocado a lo largo de la misma.
-          Buenas tardes.
-          Buenas tardes. – El camarero no apartó la vista de su meticulosa tarea.- ¿Qué va a ser?
-          Oh, no, nada. Soy el detective Yusei Chousi, de la policía. Me gustaría hacerle unas preguntas.
El camarero dejo su tarea y se colocó enfrente al señor Chousi, al otro lado de la barra.
-          Usted dirá, detective.
Yusei extrajo una foto de la segunda víctima de uno de los bolsillos de su gabardina marrón.
-          ¿Conoce usted a este chico? Su nombre es Tatsuya Izumi.
El hombre miró la fotografía unos instantes.
-          Si, vive en este barrio y suele venir a comer. Es un buen chico. ¿Le ha pasado algo?
-          Ah sido asesinado.
-          Oh, eso es terrible.- El semblante del camarero cambió por completo.
-          ¿Venía solo a comer?
-          No, normalmente lo acompañaba otro chico. Kouta Minami me parece que se llama… Si, ese es el nombre, estoy seguro. El también vive en esta calle.
El señor Chousi se guardó la foto y se levantó de su asiento.
-          Eso es todo, muchas gracias.
El camarero asintió con la cabeza y retomó su tarea.

Jun y Aya ya llevaban cerca de una hora caminando de aquí para allá. No se había parado y tampoco se habían soltado la mano, ni tan solo un instante. Se detuvieron en un banco a tomar unos refrescos, pronto tendrían que regresar a sus respectivas casas.           Estuvieron un rato abrazados. Se besaron. Por el rabillo del ojo Jun vio una figura que le resultaba conocida. Mio, que había visto la escena, se alejaba llorando y corriendo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 11


La cena fue amarga y silenciosa, no se medió palabra. Tras terminar de comer Jun se encerró en su habitación.  Estuvo pensando durante un rato hacia que dirección encaminar su investigación. Su mente barajaba varias ideas pero se decantó por vagar por los alrededores del edificio del instituto. No estaba seguro de encontrar algo y pensó que empezar desde el principio era lo correcto. Le dio vueltas a su cabeza hasta bien entrada la noche y termino por quedarse dormido. Cuando despertó a la mañana siguiente salió de casa en dirección al instituto.
  Caminó a paso ligero y no tardó mucho en llegar a su destino.  La cinta policial rodeaba el edificio. No consiguió acceder adentro pero si al resto del recinto. Registró cada palmo de los alrededores. Buscó en los cobertizos. Se paró ante la opción de examinar los contenedores. La idea no lo atraía mucho pero no se le ocurría nada más que hacer. Abrió la tapa del contenedor y grande fue su sorpresa cuando descubrió un vale de descuento de un restaurante de comida rápida ensangrentado encima de todas las bolsas de basura. Sacó un pañuelo de su bolsillo y recogió el vale de descuento cubriendo su mano, procurando no dejar huellas dactilares. Dejó su hallazgo encima del contenedor y fue a un supermercado cercano a conseguir una bolsa de plástico en la que transportar el vale de descuento. No sabía muy bien que hacer con él. Tras recapacitar unos instantes decidió llevárselo al señor Chousi el mismo en persona.
Tras una hora de caminata, parándose de cada poco a preguntar la dirección, llegó a la comisaria. Entró en el edificio y fue en dirección a la mesa de recepción. La recepcionista alzó la cabeza de su ordenador y miró a Jun a través de sus grandes gafas.
-          ¿Puedo ayudarte en algo muchacho?
-          Me gustaría hablar con el señor Chousi.
-          ¿Tenias cita?
-          No
-          Bueno, veré lo que puedo hacer.
La mujer descolgó el teléfono interno y marcó uno de los botones. Esperó unos instantes y intercambió unas pocas palabras con la voz que hablaba al otro lado de la línea:
-          ¿Cómo has dicho que te llamabas, chico?
-           Jun.
La recepcionista asintió y volvió a retomar charla a través del teléfono. Momentos después colgó el aparato.
-          Ha dicho que puedes pasar. Te acompaño
-          Muchas gracias
Jun siguió a la mujer con gafas por el edificio, pasando por una sala de oficinas, hasta el despacho de Yusei. Llamó a la puerta y entro en el cuarto.
-          Señor, aquí está el chico que le había dicho.
-          Pasa por favor.
La recepcionista dio media vuelta y abandonó la estancia cerrando la puerta a su paso.
-          Jun, siéntate por favor. ¿a qué has venido?
-          Le he traído esto. – Jun le entregó la bolsa al señor Chousi. Este la abrió y extrajo con la ayuda de unas pinzas su contenido.
-           ¿Qué es esto?
-          Es un vale de descuento de un restaurante de comida rápida.
-          Eso ya lo veo. ¿Qué tiene que ver con la investigación?
-          Pues lo he encontrado en el basurero del instituto y he pensado que podía ser del asesino.
-          Ya veo, crees que la calle del vale de descuento puede ser la del asesino. Siento decirte que eso no sería muy convincente si el vale no se le diera a un cliente habitual y la segunda victima no tuviese esta dirección. Llegados a la conclusión de que la victima y el asesino se conocían podemos barajar la posibilidad de que este vale sea del asesino. Es más puede que comiesen juntos en ese lugar, iré a indagar más sobre el asunto. Esta es una pista que merece la pena tener en cuenta. Gracias Jun.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 10

Ya era de noche cuando el teléfono de Jun sonó. Él lo descolgó y se lo llevó a la oreja:
-Sí ¿Quién es?
-Buenas noches Jun, soy el señor Chousi.
-Buenas noches, ¿Qué querías?
-Ya he comprobado lo del pin, tenías razón, la víctima llevaba el suyo encima.
-Del cuchillo que encontraste solo sabemos que es el arma del crimen. No hemos conseguido más información, cualquier rastro del asesino ha sido borrado. Como me has sido de ayuda y has demostrado tener un poco de cabeza te dejaré ayudarme en este caso. No te involucres demasiado y si encuentras algo llámame enseguida. Ten mucho cuidado y no le cuentes esto a nadie, N A D I E. ¿Comprendido?
-Totalmente señor Chousi.
-Bueno ahora te dejo, tengo trabajo que hacer. Adiós.
El señor Chousi colgó el teléfono. Instantes más tarde estaba inmerso en sus pensamientos tumbado sobre su cama. El sonido hueco del llamar de la puerta lo arrancó de su imaginación y lo devolvió a la realidad.
-Adelante.
Mio entró al cuarto y saludó a Jun con la mano.
-La cena estará lista dentro de un rato.
Dicho esto la chica se sentó al lado de Jun.
-Oye Jun… hay algo que llevo un tiempo queriéndote preguntar…
-Adelante.
-¿Cómo perdiste a tus padres?
La cara del chico cambió completamente, volviéndose triste y distante.
-Yo… no quiero hablar de ello
 -  A mi puedes contármelo. Pero si quieres guardártelo te entiendo y respeto tu decisión.
Jun suspiro profundamente.
-          Está bien…
  >>Cuando yo tenía unos cinco años vivía con mis padres en una pequeña ciudad. Mi padre y mi madre tenían muy buena relación y creo que nunca los vi discutir, pero yo tan solo era un niño. Mi padre se dedicaba a la venta de vehículos en su propio concesionario y mi madre, había dejado su trabajo como enfermera para ocuparse de mí.
  Por lo que recuerdo, mis abuelos, los padres de mi madre, vivían en la misma calle que nosotros y muchas veces venían a casa de visita. Eran unos señores muy tranquilos. El había sido relojero y ella nunca había conocido otro oficio que el de ama de casa. Los dos murieron el mismo año que perdí a mis padres. Mi anciano abuelo cayó víctima del cáncer y ella fue acosada por unas altas fiebres que acabaron con su vida.
  Tras la muerte de mis abuelos, mis padres comenzaron a distanciarse. No comprendo los motivos pero creo que lo que los mantenía juntos era yo.  No discutían ni nada de eso, pero ya no estaban tan unidos como antes. 
  Un día, así sin más, mi padre entró en el salón con un cuchillo en la mano. Se lo clavó a mi madre varias veces y después se quitó la vida. Años más tarde me enteré de que ella tenía un amante.
Y esa es mi historia. <<
Cuando terminó de contarla no pudo evitar que unas lágrimas se le escaparan de los ojos. Desde el piso de abajo les llego un “¡A cenar!”

miércoles, 26 de octubre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 9

Jun miraba el oscuro café. Desde la mesa en la que estaba sentado se podía observar  su instituto. La ventana ofrecía un primer plano de aquel edificio rodeado por cinta policial. Dio un sorbo a su café cuando vio la cabellera del señor Chousi asomando por la puerta del local que, tras mover la cabeza buscando al chico, se acercó a su mesa. Tomó asiento en frente a Jun y lo miró con cara seria.
-          Hola, gracias por venir.  – Yusei se mostraba frio.
-          Hola, ¿de qué quería hablar?
El detective se inclino hacia delante apoyando sus codos en la mesa y entrelazó los dedos de su mano.
-          ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? ¿Sabes lo peligroso que es inmiscuirse en una investigación policial de esta gravedad?  Deja de jugar a los policías y márchate a casa chico. – en ningún momento levantó la voz.
-          ¡Pero déjeme ayudarle señor Chousi! ¡Seguro que le soy de ayuda!
La camarera se puso al lado de Yusei con una enorme sonrisa de oreja a oreja.  Después de tomarle nota se marcho a atender el pedido. Jun volvió a retomar la palabra:
-          Además, he encontrado esto en la escena del crimen. –Jun le pasó el pin envuelto en un pañuelo. – No lo he tocado directamente con la mano.
Yusei examinó aquello que estaba envuelto detenidamente. La camarera volvió y dejo un pocillo cargado de café encima de la mesa. Al rato, el señor Chousi levantó la cabeza y miró  a Jun.
-          ¿Qué es esto, chico?
-          Es el pin de los estudiantes de mi instituto, estaba detrás de un banco en la escena del segundo asesinato.
-          ¿Qué hacías rebuscando en la escena de un crimen?
-          Lo encontré por casualidad.
-          Parece que últimamente encuentras muchas cosas por casualidad. ¿Y a donde quieres llegar con todo esto?
-          ¿Puede decirme quien es el segundo asesinado? – Yusei negó con la cabeza - ¿Puede decirme, al menos, si era estudiante de mi instituto?
Yusei se lo pensó un momento.
-          Si, lo era.
-          Entonces, si no encuentran un pin como este entre sus pertenecías significa que es del asesino, otro estudiante. Es lo más lógico.
-          Sí que es lógico, si.  – Yusei miró fijamente a Jun, pensando en que debería hacer con el chaval. – Bueno, ya te llamaré, de momento no cometas más imprudencias. Ahora, si me disculpas, tengo mucho trabajo que hacer.
Tras apuntar el teléfono de Jun, Yusei se levantó; pagó y se marchó. No había probado su café.
  Jun se marchó cuando terminó su café. Miró su reloj y decidió que ya era hora de volver a casa.  Cuando entró todo estaba oscuro y en silencio. Se dio una ducha y bajo a ver la televisión.  La puerta de la entrada se abrió, y por ella entró Mio cargada de bolsas. Jun le ayudó a colocar su contenido en las diversas estanterías de la cocina. Llevaban un rato de incómodo silencio. Mio empezó a hablar rompiendo el hielo.
-          ¿Dónde has estado esta tarde?
-          He salido con unos amigos.
-          ¿Y qué te dije esta mañana de salir solo?
-          Vamos Mio, no he estado solo en ningún momento.
Reinó el silencio de nuevo. Ambos dejaron de hablar para continuar colocando cosas. Al cabo de un rato Mio volvió a intentar sacar conversación.
-          Oye Jun… Sobre lo de esta mañana…
-          ¿A qué te refieres?
-          Bueno… Ya sabes…
-          No, no sé.
Jun dejo de colocar para mirar a Mio, que tenía la cabeza agachada  y estaba roja como un tomate. Ella se percató de este gesto y lo miró a los ojos.
-          Lo del beso…
Dicho esto, la chica juntó sus labios con los de él. Cuando se dio cuenta de su impulsiva reacción se detuvo, pero Jun la besó de nuevo. Ella lo abrazó y hundió la cabeza en su pecho.  Caminaron abrazados hasta sentarse en el sofá, donde ella lo besó apasionadamente. Cuando sus bocas se separaban, la sensación de necesidad era tal que volvían a juntarlas inmediatamente; deseosos de más. Ambos se fundieron en un mágico abrazo.
   Tras la demostración de cariño, Jun pensó en lo que acababa de ocurrir. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿No se suponía que estaba con Aya? Su cabeza era como una sopa de letras. Sus sentimientos estaban desordenados y desorientados, sin saber muy bien donde colocarse.


domingo, 23 de octubre de 2011

Lágrimas Rojas Capítulo 8


Tras una buena comida, Jun salió de la casa evitando que Mio lo descubriera marchándose solo. Se pondría echa una furia cuando se enterase y Jun no quería ni imaginarse la bronca que le echarían al regresar. Escribió una pequeña nota y la dejo encima de la mesa de la cocina, la jovencita se enfadaría igual pero eso dejaría a la señora Fuchido  tranquila. Una vez fuera, Jun intentó recordar por donde se encontraba la calle del último asesinato. Una vez se hubo situado empezó a caminar. Anduvo durante un rato distrayéndose, de vez en cuando, mirando escaparates. Se paraba aquí y allí atraído por un artículo o un anuncio.  Cuando su mente volvió a la realidad y se paró a reflexionar sobre lo que iba a hacer, se dio cuenta de lo descabellado que resultaba su plan. Ir por ahí preguntando por un asesinato seria, como mínimo, extraño. Seguramente la gente no le haría ni caso y pasaría de él, pero merecía la pena intentarlo.
  Cuando llegó la calle ya estaba limpia y despejada, no quedaba ni rastro ni indicio alguno de que allí se produjera un crimen. Un niño jugaba con un balón en uno de los lados de la calle. Golpeaba la pelota contra la pared una y otra vez. Jun pensó en preguntarle al chaval, y así lo izo.
-          Perdón amigo ¿vives por aquí?
El niño cogió su pelota y se marchó corriendo, entrando en una de las casa. Jun suspiró, había descubierto que daba miedo.  Dejó correr el asunto y siguió con su cometido. Barajó la posibilidad de llamar al timbre de alguna casa pero, al darse cuenta de lo estúpido que iba a parecer, descartó la idea; estaba claro que no le dirían nada. Se disponía a marcharse cuando escuchó una voz a su espalda.
-          ¡Anda! ¡Pero mira quien está ahí!
Jun se giró y vio a su compañero, Kouta Minami.
-          Hola Minami.
-          ¡Va! Llámame Kouta. ¿Qué estas haciendo?
-          Pues la verdad es que suena algo estúpido, quiero hablar con el testigo del asesinato del otro día.
Kouta soltó una carcajada.
-          Pues sí que suena estúpido, sí.
-          ¿Tú qué haces aquí?
-          Vengo a ver a mi abuela, que casualmente es la persona a la que buscas. Si quieres puedo pedirle que te lo cuente todo.
-          No se…
-          Le diremos que eres del periódico del colegio, seguro que se lo cree.
-          ¿Y está bien que le mintamos así a tu abuela? – a Jun no le hacía ninguna gracia engañar así a una pobre ancianita.
-          Tranquilo, no te preocupes.
Jun siguió a Kouta hasta una casa escondida entre el vecindario. La vivienda imitaba fielmente la tradición japonesa.  Un jardín, guarecido por un alto muro, rodeaba la pequeña edificación. Un estanque de carpas le añadía un toque armónico y de tranquilidad al recinto. Entraron en la casa.
-          ¡Hola abuela! ¡Vengo de visita!
De detrás de una puerta apareció una señora mayor, pequeña y arrugada. Adoptaba una postura encorvada y caminaba lentamente.
-          Hola Kouta -  tras abrazar a este reparó en la presencia de Jun - ¿Quién es tu amigo?
-          Mi nombre es Jun, Jun Nagizawa.
-          ¡Oh Jun! Encantada, puedes llamarme abuela.
-          Abuela, Jun es del periódico escolar, y nos gustaría que nos contaras lo que pasó el otro día.
La cara feliz de la anciana se transformó completamente.
-          Estoy cansada de contar esa historia.
-          Señora por favor… me haría un gran favor.
 La anciana resopló.
-          Bueno, está bien.
Condujo a los chicos hasta una sala y preparó té. Cuando estuvieron acomodados les contó lo sucedido.
-          Yo volvía de comprar, venía cargada de bolsas y ya estaba oscuro. Pasaba por la calle cuando vi que, al fondo, había dos chicos. De pronto, uno apuñaló al otro varias veces. Eché a correr hasta llegar a casa y llamé a la policía.
-          ¿no pudo ver nada más? ¿Eso es todo?
-          No, había algo más. El chico que murió hablaba al otro como si lo conociera. Eso es todo.
¿Cómo si lo conociera? En la cabeza de Jun surgieron un montón de preguntas.
-          Muchas gracias señora.
Salió corriendo de la casa, en dirección a una cabina de teléfono, y marcó el número de Yusei.
-          ¿Sí? ¿Quién es?
-          Señor Chousi, soy Jun ¿Se acuerda de mi?
-          ¿Qué quieres chico?
-          ¡El asesino y la víctima se conocían!
-          ¿Qué? ¿Quién te ha dicho eso?
-          La testigo, he hablado con ella.
-          ¡¿Cómo que has hablado con ella?! – El señor Chousi sonaba enfadado.
-          Sí, he ido a verla esta tarde.
-          Chico, quiero hablar contigo en persona ¿Conoces la cafetería que hay enfrente a tu instituto? Reúnete conmigo allí en una hora.
La línea se cortó antes de que Jun pudiera decir nada más. Después de colgar el teléfono emprendió camino hacia la cafetería. Se paró en el lugar del crimen. El mero hecho de pensar que allí se había producido un asesinato le producía escalofríos.  Miró el detenidamente el lugar y descubrió un pequeño objeto escondido debajo de un banco. Era uno de los pequeños pin que se les daba a los estudiantes de su instituto.